domingo, 19 de agosto de 2007

Somewhere in the desert near Barstow

Una escena y una línea, creo, condensan los sentidos o, mejor, algunos de los sentidos de Fear and loathing in Las Vegas (Terry Gilliam, 1998). Internado en un circo bizarro de Las Vegas, Raoul Duke dice algo así como: “Esto es lo que el mundo haría los sábados por la noche si los nazis hubiesen ganado la guerra”.[1]
La frase me resulta interesante por dos cosas. Primero, porque me remite a otras (brillantes) de Adorno, que parecen ser increíblemente productivas, en el sentido de que parecen capaces de iluminar un conjunto de circunstancias (escenas, películas, libros) diversas: aquéllas que, al hablar de George y la lengua alemana, nos decían que la lírica producía “una lengua imaginaria en la cual [George] descubre lo que sería posible en su composición, aunque nunca fue. […] [Los versos] son como una cita, pero no una cita de otro poeta, sino una cita de lo inapelablemente perdido por el lenguaje”.[2] Es decir: algo que pudo ser, pero no fue.
En segundo lugar, la frase es llamativa en tanto su carácter contradictorio se hace visualmente evidente en la película: mientras escuchamos estas palabras de Raoul Duke (que no son pronunciadas sino pensadas), vemos que, efectivamente, eso es lo que hace la gente un sábado por la noche. O, por lo menos, lo que la gente hace un sábado por la noche en Las Vegas.
Esa última interpretación (la que agrega: “en Las Vegas”) situaría la película (y la novela) en un lugar de excepción. Pero habría que mitigar enseguida la tentación de pensar que en Las Vegas se confunden hecho y derecho, y esto por varias razones. En principio, porque cuando el auto de los protagonistas ingresa a Las Vegas por el desierto, el cartel es claro: “Don’t gamble with marihuana”, sugiere la propaganda del gobierno, y consigna bajo la recomendación las penas impuestas por la posesión (veinte años) y el comercio (prisión perpetua) de tal estupefaciente. De manera que la ley aparece claramente delimitada, y con ella la ilegalidad de los hechos que Roal Duke y su mano derecho acometen. En efecto, si semejante ilegalidad estuviera ausente, la película perdería, entre otras cosas, gracia, quiero decir, su gigantesca fuerza cómica. Justamente, lo gracioso resulta (también entre otras cosas, probablemente) del choque entre dos personajes (ilegalmente) drogados y el resto del mundo (muy legalmente sobrio). La fuente de legitimidad de semejante legislación, por otro lado, también es clara: el Estado emergerá de nuevo en la convención de fiscales y policías contra la droga en América.
Por mi parte, me parece mejor leer la frase de Duke a la luz de la cita de Adorno: algo que pudo ser, pero no fue. Y, en un segundo paso, a la luz de la contradicción antes esbozada: algo que pudo ser, pero no fue, pero fue. En este caso, lo que mediaría entre la última adversativa y el resto, es decir, lo que habilita ese último “pero fue”, sería la percepción privilegiada y distorsionada (desautomatizada) de la droga. Lo imposible es, en última instancia, atribuir las visiones de Duke (las del espectador) a su percepción alterada o a la realidad del mundo; “realidad” que resulta, desde ya, duramente vilipendiada como consecuencia de dicha operación.[3]
Esto, esa simultánea producción y destrucción de distancias, es lo que nos perderíamos si dijéramos, sin más, que lo que se deja leer en la frase contradictoria de Duke es una afirmación seguramente más impresionante: que los nazis sí ganaron la guerra. Esto sería: transformar una contradicción aparente y real en otra tan sólo aparente. Mejor es, creo, mantenerla. Entender que su lugar en la película no es accidental sino, muy por el contrario, constitutivo.


[1] “Bazooko Circus is what the whole hep world would be doing Saturday night if the Nazis had won the war. This was the Sixth Reich”.
[2] Adorno, Theodor W., “Discurso sobre lírica y sociedad”, en Notas sobre literatura, Madrid, Akal, 2003.
[3] Burroughs le preguntaba a Ginsberg en una de sus Cartas del yagé: “No hay nada que temer. Vaya adelante. Mire. Escuche. Oiga. ¿Tu conciencia ayahuasca es más válida que la ‘conciencia normal’? ¿La ‘conciencia normal’ de quién?”. En Burroughs, William S. y Ginsberg, Allen, Cartas del yagé, Buenos Aires, Ediciones Cessna, 1979.